Seis poetas belgas jóvenes de lengua francesa


( Por Laura Calabrese - Alejo Steimberg )




A los pulpos acariciémoslos (Tristan Sautier)

a los pulpos acariciémoslos detrás del vidrio sin olas sin palabras como nada se mueve detrás de las palabras cuando se las traza en el aire con un dedo silencioso de reivindicaciones alzadas contra las formas y por la forma de alzar un dedo orfebres en nuestras nieves de temporada de acuario orfebres de temporadas desnudas color crudo que conspiran con los pulpos

la muerte impide los poemas se le cortan las venas en cuatro y se mira cortar cortarse el oro se contempla y todavía es barro se empieza a hablarle al aire se dice me diste tu barro y me harté de él al aire también se escribe que todo borra todo en el silencio hirsuto un poco uno se ahoga en el silencio en la muerte que no impiden los poemas

los perros por supuesto no son nada que son todo es la perrada el ser felino por encima nos pasó

Punto de vista sobre la especie humana (Gwenaëlle Stubbe)

Si Dios nos hubiera creado con precisión, nos habría reducido a hocico. Es una vergüenza no hacer concordar muy precisamente nuestras cabezas con su contenido. Hacernos creer que podemos desplegarnos símil acordeón.
Reclamo la comercialización de los hocicos para atrapar al hombre en morro.
Con sólo mirarlo, no se podrá dudar más de su textura.
La conclusión en hocico de la cara humana dará de ella una idea rápida que permitirá el cálculo exacto de nuestra especie sin que moleste siquiera un mechón de pelo.

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Inédito (Selçuk Mutllu)

Y el mochuelo ulula, sin pavor ni de la noche, ni del día, y hasta el más precioso silencio (solo).

Una noche de linda borrachera, Eugenio el ruso deslizó en la oreja del cantor esto, que marcó a este último por mucho tiempo: “nol... no olvides... nun... nunca estooo... amigo, dijo con cierta dificultad, laaa... plusvalía no es... no es... nun... nunca pagada a... a... aquel que... que produce su... fruto!... Anotalo, anotalo, si... si no te... te vas a olvidar... ¿tenés dónde anotar?... pero tenés la misma libreta (roja) que yo...” Y, cuando esto dijo, se abrazaron alegremente en medio del café extrañado y encantado por tanto amor.

Abrazame fuerte corazoncito, como antes de los desastres, el agua, la fina lluvia o la garúa.

El problema es que ya no me acuerdo ni de vos ni de tu olor, que estoy viejo y ciego, y que olvidé mi nombre. El único problema es que no terminaré el archivaje completo de mi vida.

El problema es que he envejecido.


 

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