Juan Carlos Bustriazo Ortiz a través del espejo


(Por Silvia Castro)



Herejía bermeja, de Juan Carlos Bustriazo Ortiz
(Ediciones En Danza y Espacio Hudson, Buenos Aires, 2008), 206 páginas.


Producto del trabajo de tres poetas compiladores, Herejía bermeja, la nueva antología de Bustriazo Ortiz publicada y financiada por Ediciones En Danza, luego de Elegías de la piedra que canta, libro publicado en 2007 por el suri porfiado, se fue construyendo a lo largo de varios años en un camino de “pérdida y recuperación del pelo”, siguiendo un derrotero sinuoso equivalente al narrado por el célebre relato de Julio Cortázar.

Con estudio introductorio de Cristian Aliaga, cronología de Sergio De Matteo, un apartado con testimonios del propio autor a cargo de Andrés Cursaro, un índice de artículos de diferentes medios que se refieren a la poética de Bustriazo, y una selección de fotos del autor, llega a nuestras manos esta cuidada edición, coordinada por Javier Cófreces.

Este equipo de poetas, como los personajes del cuento antes aludido, durante años ha recorrido las cañerías y caños maestros de la pampa en busca de archivos, documentos y testimonios acerca del “Flamenco Bustriz”, como lo llamaban sus antiguos amigos. El resultado es una exuberante galería de curiosidades de su universo personal y poético, que acompañan y dialogan con la selección de poemas, la más abarcativa que se ha publicado hasta ahora de la obra del pampeano, de libros ya editados e inéditos: Elegías de la piedra que canta (1969), Las Yescas. Canciones del enterrado (1970-71), Las pinturas (1972), Canción rupestre (1972), Los decimientos (1972-73), Unca bermeja (1973), Caja Amarilla (1973-74), Libro del Ghenpín (1977) y Hereje bebedor de la noche (2007).

Un recorrido lector por Herejía bermeja puede dar cuenta del abordaje propuesto por los compiladores, quienes, en un juego de múltiples espejos enfrentados, habilitan la posibilidad de intertextualidades hacia adentro y hacia fuera de la obra de Bustriazo. Seguir

El pelo al huevo: pérdida y recuperación

Este arbitrario recorrido-reseña, de pérdida y recuperación, como de quien busca un pelo en un huevo, comienza casi al final del libro, en la página 196. Una fotografía muestra al poeta con su inseparable portafolio en la mano derecha. Una vieja cabina de ENTel completa con él un retrato oval. Una mirada a vuelo de pájaro confunde fondo y figura. Tras él, un símbolo de la comunicación interferida, interrumpida, arcaica, el teléfono público aún perteneciente a una compañía estatal. La yuxtaposición azarosa del poeta, la cabina, y en la mano su valija llena de palabras convoca una figura, la de Humpty Dumpty, el personaje con cuerpo similar a un huevo, de una rima infantil del libro Mother Goose.

Palabras-valija

Andrés Cursaro conversa con el pampeano y lo registra en primera persona. El poeta neuquino rescata este testimonio entre tantos otros: “He inventado muchas palabras, sí. Lo hice porque yo quería decir alguna cosa y no podía con las otras palabras existentes (...) Con el idioma hacía muchas cosas, pude hacer muchas cosas felizmente (...) Huesolita, por ejemplo: es de hueso, solita. Delgadita, algo así.” (H. B. Pág. 175)

Huesolita, y muchas de las innumerables palabras creadas por el “Piedra Juan” es una portmanteau o palabra-valija: fusiona dos o más elementos o funciones gramaticales. El pampeano convoca así y libera en múltiples planos simultáneos los significados poéticos, creando un palimpsesto entre lo simbólico, lo sonoro y lo vivenciado, adoptando un vocabulario a la vez regional y universal: marcas de oralidad del habla paisana, voces mapuches y criollas, raíces castizas, neologismos y arcaísmos.

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En la obra de Lewis Carroll, Alicia a través del espejo, Humpty Dumpty explica a la protagonista el significado de sus extrañas palabras: “Bueno, flexilimoso significa flexible y cenagoso... Es como una maleta, ¿comprendes? Hay dos significados empacados en una sola palabra.” El diálogo que tiene lugar entre ellos ha sido tomado como ejemplo de la no-comunicación en la literatura moderna. Alicia intenta varias veces hacerse entender por Humpty Dumpty y de comprender lo que él le dice. Las muchísimas veces que Alicia “falla” representarían la compleja estructura pragmática del lenguaje y los muchos factores que pueden intervenir en su uso. No hay tal falla. O sí, hay falla, pero en tanto ruptura. Bustriazo comunica atravesando el lenguaje y recuperando el significado perdido entre los velos de la literalidad. Hay un teléfono en La Pampa que sólo suena para él, y que él atiende para nosotros a través de la muerte (la muerte es el significado más correcto o literal, y el significado literal participa de la muerte)1. Su poética es de pasaje; tal como lo marca Cristian Aliaga en su introducción, roza lo sagrado y lo alucinatorio, operadores que en toda cultura, de la más sencilla a la más sofisticada, funcionan como interruptores en las representaciones de lo cotidiano real. Bustriazo comunica en ese plano de lo real interrumpido, pone en trance. Se cae en Bustriazo como en el foso de Alicia. Sin trance no se entra a su poética, a su valija.

(1) Harold Bloom, Poesía y represión : De William Blake a Wallace Stevens. Adriana Hidalgo, 2000.

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Bustriano Seguir Seguir

Bébeme

Sergio De Matteo cierra su cronología con este entrañable comentario: “Relatan que Bustriazo Ortiz recorría las calles de Santa Rosa siempre acompañado de un portafolio en el cual llevaba una linterna, para encandilar a los perros que le salían al paso, libros de poemas y un vaso para beber vino. Este vaso se hizo famoso, ya que debido al intenso uso se le había formado una costra tinta en sus bordes. Se cuenta que alguien intentó lavarlo una vez, incitando el enojo de Bustriazo. El recipiente estaba provisto de un platillo en su parte superior, a modo de tapa, y el poeta alegaba que su función era evitar que los espíritus de la bebida huyeran de él.” (H. B. Pág. 186)
Interruptores, linternas, talismanes líquidos, elementos de quien recorre la pampa como lo real estratificado, en la pérdida y recuperación, entre lo crudo y lo cocido de la arcilla del terreno. Transeúnte, también, en lo sedimentado y lo evaporado en su mirada nómada, se desplaza entre la oscuridad y su ladrido. A su paso las palabras aumentan de tamaño. Se iluminan.

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HerejíaFlamencos y erizos

Volviendo al libro de Carroll, en la primera parte Alicia participa en un singular juego de croquet. La cancha está llena de peculiaridades, las pelotas son erizos y la gran dificultad de Alicia es dominar su mazo, que es un flamenco. Cuando finalmente puede controlarlo, el erizo se aleja. Parece no haber reglas, o si las hay, nadie las respeta. Ese juego encuentra años más tarde su relator. Refiriéndose al universo en ruptura que de por sí es la poesía, Jacques Derrida describe al responsable de esa aparente anomia: “Él se ciega. Hecho un ovillo, erizado de espinas, vulnerable y peligroso, calculador e inadaptado (porque se hace ovillo, al sentir el peligro, en la autopista, se expone al accidente). No hay poema sin accidente, no hay poema que no se abra como una herida, pero también que no sea hiriente. Llamarás poema a un encantamiento silencioso, la herida áfona que de ti deseo aprender par coeur.”2
Llamarás Flamenco, Flamenco Bustriz, a uno de los buenos jugadores de este partido. Las púas del erizo se lanzan en el instante de leer sus poemas que, enceguecidos por su linterna, se hacen un ovillo al que no podemos tocar sin pincharnos.

(2) Che cos'è la poesia? Publicado en Poesía, I, noviembre, 1988.  Traducción del francés: J. S. Perednik.

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Elegía ELEGÍAS DE LA PIEDRA QUE CANTA
Juan Carlos Bustriazo Ortiz. El suri porfiado. 2007

La magnitud y significación de la obra de Juan Carlos
Bustriazo Ortiz en la poesía argentina todavía no puede vislumbrase:
Bustriazo es aún un poeta secreto, con fotocopias
que circularon por el país, pero sin libros.
Tanto en Elegías de la piedra que canta (1969) como en Unca
Bermeja
(1973), los poemarios que tenemos el privilegio de
incluir en nuestra colección, el lector hallará un acentuado
y profundo trabajo de recreación idiomática que, por un
lado, procura la consecución de un lenguaje “total”, la conquista
de aquella palabra mesiánica perdida por los ancestros,
mientras atrapa y libera en múltiples, simultáneos planos,
los significados poéticos del habla coloquial, desnaturalizada
a través de neologismos y creaciones propias.
Estos dos poemarios pertenecen a una obra que permanece,
en su mayor parte, inédita: 80 libros imprescindibles
para la cultura nacional que aún aguardan el momento de
la luz.
Por eso esta edición, este pequeño paso, constituye un acontecimiento
para el panorama poético argentino.

Sergio De Matteo
Santa Rosa, La Pampa, octubre de 2007

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